Política en un minuto
Elecciones en Israel: quién ganó y por qué Netanyahu podría seguir gobernando

Las elecciones israelíes dejaron un Parlamento fragmentado, sin mayorías claras y con un crecimiento histórico de la representación palestina. La oposición reúne los números para desplazar a Netanyahu, pero sus propias contradicciones podrían mantenerlo en el poder. | Fotografía: Mansour Abbas, líder de Ra’am, asiste a una sesión en el salón de plenos del parlamento israelí (Olivier Fitoussi/FLASH90).
Las elecciones legislativas celebradas el martes 27 de octubre en Israel dejaron un resultado paradójico. Benjamin Netanyahu perdió su mayoría parlamentaria, pero la oposición tampoco consiguió una alternativa viable para formar gobierno.

Según las proyecciones provisionales del escrutinio, el bloque del primer ministro obtendría alrededor de 53 escaños, frente a los 48 del bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot. Los partidos árabes alcanzarían una representación histórica de 19 diputados. La Knéset cuenta con 120 escaños y una mayoría absoluta requiere 61.
Los números podrían cambiar con el escrutinio definitivo, previsto para el 4 de noviembre, pero la incertidumbre política parece asegurada.
Netanyahu perdió apoyos, pero sigue siendo decisivo
El primer ministro llega debilitado después de años de controversias. Su juicio por corrupción, los cuestionamientos por las fallas de seguridad durante los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la polémica por las exenciones del servicio militar para los judíos ultraortodoxos.
A esto se suman las consecuencias de las operaciones militares israelíes en Gaza, Cisjordania y otros países de la región.
Sin embargo, el partido Likud continúa siendo la principal fuerza parlamentaria y Netanyahu conserva posibilidades de negociar su permanencia. La oposición, encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, logró capitalizar parte del descontento, aunque sin construir una mayoría propia.
El problema es que el rechazo a Netanyahu no necesariamente implica un desacuerdo con sus políticas.
En materia de seguridad nacional, las principales fuerzas opositoras mantienen posiciones próximas a las del oficialismo. Según Associated Press, ninguna de las dos grandes coaliciones electorales respalda la creación de un Estado palestino.
Mientras tanto, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sostiene que Israel continúa cometiendo actos genocidas en Gaza, y Netanyahu enfrenta una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
La paradoja de los partidos palestinos
Una de las mayores sorpresas fue la movilización de los ciudadanos palestinos de Israel. Las listas árabes podrían pasar de 10 a 19 escaños, convirtiéndose en una pieza decisiva para cualquier intento de desplazar al actual primer ministro.
La aritmética parece sencilla: los 48 diputados del bloque opositor, sumados a los 19 de las listas árabes, alcanzarían 67 escaños, suficientes para formar una mayoría parlamentaria.
Pero la política israelí presenta una contradicción difícil de resolver.
Varios partidos que prometieron terminar con el gobierno de Netanyahu rechazan depender del apoyo de las fuerzas políticas árabes. Una eventual alianza exigiría superar diferencias sobre identidad nacional, seguridad, derechos de los palestinos y legitimidad de su participación en el poder.
Así, los representantes palestinos podrían tener los votos necesarios para decidir el futuro del gobierno, pero continuar excluidos de las negociaciones que determinarán quién gobierna.
¿Puede cambiar el gobierno sin cambiar la política?
Las elecciones muestran los límites de una oposición construida fundamentalmente alrededor del rechazo a un dirigente.
Eisenkot puede presentarse como una alternativa a Netanyahu en términos institucionales, pero las coincidencias de buena parte de la oposición con las políticas de seguridad israelíes reducen el alcance de un eventual cambio de gobierno.
La paradoja se profundiza con la representación palestina: sus diputados podrían hacer posible una alternancia, aunque sus demandas siguen siendo políticamente incómodas para buena parte de quienes buscan esa alternancia.
Netanyahu, por su parte, dispone de una ventaja: mientras sus adversarios negocian, continúa al frente del gobierno en funciones.
El siguiente paso será la intervención del presidente Isaac Herzog, quien deberá encomendar la formación de gobierno al candidato con mejores posibilidades de reunir apoyos. Este dispondrá inicialmente de 28 días, prorrogables por otros 14. Si fracasa, existen nuevas instancias de negociación antes de convocar otra elección.
El futuro israelí dependerá de quién consiga construir una mayoría, pero también de cuánto están dispuestos a cambiar los adversarios de Netanyahu para conseguirla.