Política en un minuto
Trump puede perder las elecciones y seguir gobernando como si nada

Este 3 de noviembre se celebran elecciones en Estados Unidos. Y podrían dejar a Donald Trump sin mayorías en el Congreso. Mientras los demócratas preparan investigaciones sobre su administración, la Casa Blanca ya estudia cómo continuar gobernando mediante decretos y atribuciones ejecutivas. La derrota electoral podría abrir una etapa de mayor confrontación institucional.
Este martes 3 de noviembre, Estados Unidos celebra sus elecciones de medio término, en las que los republicanos podrían perder el control de una o incluso ambas cámaras del Congreso. Las encuestas favorecen a los demócratas en la Cámara de Representantes, mientras que la disputa por el Senado permanece abierta.
Para cualquier presidente, perder el respaldo parlamentario significa enfrentar mayores dificultades para gobernar, negociar con la oposición y convertirse progresivamente en lo que los estadounidenses llaman un lame duck o «pato rengo»: un mandatario con una capacidad de influencia política debilitada.
Pero Donald Trump ha demostrado que las restricciones institucionales también pueden convertirse en oportunidades para profundizar sus enfrentamientos políticos. Y su administración ya se prepara para ese escenario.
El plan de Trump para gobernar sin el Congreso
Según una investigación de Reuters publicada el 1 de noviembre, funcionarios de la Casa Blanca trabajan desde abril en alternativas para mantener las principales políticas del Gobierno sin necesidad de aprobar nuevas leyes.
Entre las medidas estudiadas figuran nuevos aranceles, restricciones migratorias, modificaciones en programas de vivienda y cambios en la distribución de fondos federales. La estrategia contempla aprovechar las facultades ejecutivas del presidente, aunque algunas iniciativas podrían enfrentar impugnaciones judiciales.
Trump también conservaría su poder de veto y amplias atribuciones en política exterior, incluso frente a un Congreso controlado por los demócratas. Perder las mayorías legislativas no necesariamente obligaría a Trump a moderarse. Podría incentivar una estrategia de confrontación todavía mayor.
Tres temores sobre las elecciones en Estados Unidos
Sin embargo, las preocupaciones sobre el comportamiento presidencial comienzan antes de conocer los resultados.
Los antecedentes de Trump, especialmente su negativa a reconocer la derrota electoral de 2020 y sus acusaciones infundadas de fraude, alimentan los temores de dirigentes opositores y organizaciones defensoras de los derechos electorales. Existen tres escenarios que preocupan especialmente.
El primero es desacreditar los resultados electorales, denunciando irregularidades en distritos donde los republicanos sean derrotados.
El segundo es la posible intimidación de votantes y funcionarios electorales. El Departamento de Justicia anunció el despliegue de aproximadamente mil observadores federales durante la jornada. Algunas autoridades locales consideran que esa presencia podría generar intimidación, aunque el Gobierno rechaza esa interpretación.
El tercer escenario consiste en intentar obstaculizar la incorporación de legisladores demócratas electos. La preocupación llevó a congresistas de ambos partidos a promover un compromiso para reconocer a los ganadores certificados por los estados.
Estas posibilidades deben distinguirse de un plan gubernamental demostrado. Son riesgos planteados por críticos y funcionarios electorales, con distintos niveles de evidencia.
Los obstáculos que enfrenta Trump
La administración también ha encontrado resistencias institucionales.
El Brennan Center for Justice identificó al menos 34 decisiones de tribunales federales que frenaron temporal o definitivamente iniciativas del Gobierno relacionadas con la administración electoral.
Numerosos estados rechazaron entregar registros completos de votantes al Departamento de Justicia, mientras que el Senado impidió que avanzaran nuevas restricciones electorales impulsadas por los republicanos.
A estas dificultades se suma el deterioro de la popularidad presidencial. Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada entre el 22 y el 26 de octubre situó la aprobación de Trump en apenas el 32%. Incluso entre los republicanos se registró un desgaste: su aprobación había descendido del 86 % en enero al 73 % en septiembre.
Pero la impopularidad presidencial tampoco garantiza una derrota legislativa. La distribución territorial del voto y la participación electoral serán determinantes.
El dilema demócrata y la sucesión de Trump
Si recuperan la Cámara de Representantes, los demócratas podrán iniciar investigaciones sobre posibles conflictos de intereses, corrupción y abusos de poder dentro de la administración.
Algunos sectores también promueven nuevos juicios políticos contra Trump. Sin embargo, dirigentes demócratas consideran que una sucesión de procedimientos de destitución podría beneficiar al presidente, permitiéndole presentarse nuevamente como víctima de una persecución partidaria.
La alternativa que analizan consiste en priorizar investigaciones documentadas y construir una propuesta electoral competitiva para 2028.
Una derrota republicana también podría acelerar las disputas por la sucesión presidencial. El vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio aparecen entre los principales posibles candidatos republicanos para 2028. Ambos enfrentan un dilema: construir una identidad política propia sin romper con un presidente que conserva una influencia decisiva sobre las bases del partido.
Perder el Congreso no significa perder el poder
Las elecciones de medio término pueden alterar profundamente el equilibrio institucional estadounidense, pero sus consecuencias dependerán de algo más que la distribución de escaños.
Un Congreso opositor tendría mayores posibilidades de controlar al Ejecutivo, investigar decisiones gubernamentales y bloquear iniciativas legislativas. Sin embargo, Trump conservaría instrumentos significativos para continuar ejerciendo el poder y confrontando políticamente con sus adversarios.
La política exterior podría convertirse en uno de los principales espacios de iniciativa presidencial, aunque su utilización como mecanismo de distracción frente a una derrota electoral sigue siendo una hipótesis.
El problema también excede a Trump. Una democracia necesita que sus elecciones puedan modificar efectivamente la distribución del poder y que sus autoridades acepten los límites derivados de esos resultados.
La gran pregunta después del 3 de noviembre será si una eventual derrota republicana fortalece los controles institucionales o profundiza el conflicto entre poderes.
Porque Trump podría perder el Congreso y continuar dominando su partido, condicionando a sus posibles sucesores y organizando la política estadounidense alrededor de su figura.