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16 de octubre de 2026
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Análisis

La insoportable levedad de la militancia digital

16 octubre, 2026 Por Alberto Gómez Salgado

10 min de lectura

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La insoportable levedad de la militancia digital

Un partido puede llenar sus redes de recorridos, reuniones y fotografías sin haber construido necesariamente una organización capaz de sostenerse. Las redes sociales multiplicaron la visibilidad de la militancia. La pregunta es si también multiplicaron su capacidad de organizar.


 

 

 

 

Un partido puede comunicar mucho, movilizar a miles y, sin embargo, organizar muy poco.

 

 

 

La actividad empieza a reemplazar la organización

Los partidos políticos necesitan mantener una presencia visible ante la ciudadanía. Por ello, realizan de manera constante reuniones, recorridos y campañas con la participación de sus dirigentes y militantes. La expansión de las redes sociales ha multiplicado las posibilidades para mostrar estas actividades: una acción que anteriormente podía concluir en una plaza, una colonia o un salón ahora puede prolongarse mediante fotografías, videos y publicaciones que amplían su alcance y permanencia.

Esta visibilidad representa una utilidad política evidente. Sin embargo, también plantea una pregunta relevante: ¿qué ocurre cuando mostrar toda actividad en redes sociales comienza a ocupar el lugar de construir organización?

La pregunta adquiere particular importancia en un contexto donde la confianza hacia los partidos políticos enfrenta dificultades persistentes en México. Cordourier Real y Mosiño analizan los factores asociados con la falta de confianza hacia estas instituciones. Su trabajo permite advertir que el problema no puede atribuirse simplemente a las redes sociales, pues la distancia entre ciudadanía y partidos tiene raíces organizativas e institucionales más profundas.

Las plataformas digitales, sin embargo, sí han modificado la manera en que los partidos comunican su actividad y establecen relaciones con sus simpatizantes, generando nuevas posibilidades para hacer visible el trabajo político y, al mismo tiempo, nuevas formas de entender la participación partidista.

Este artículo analiza dicha transformación a partir de una distinción fundamental: comunicar, movilizar y organizar no son acciones equivalentes, aun cuando puedan desarrollarse simultáneamente dentro de una organización partidista.

A partir de la revisión de estudios sobre militancia partidista, organización y tecnología, se propone la expresión “militancia de aparador” como una categoría interpretativa. No pretende presentarse como un concepto establecido por la literatura revisada, sino como una propuesta para describir aquellas situaciones en las que la visibilidad pública de la actividad partidista adquiere un peso excesivo frente a tareas menos visibles, pero fundamentales para la continuidad de una organización, como la formación de cuadros, la construcción de estructuras y el mantenimiento de vínculos comunitarios.

 

De la militancia territorial a la participación digital

Durante buena parte de la historia de los partidos políticos, la militancia cumplió funciones concretas relacionadas con la organización y el sostenimiento de las estructuras partidistas. Muñoz-Armenta et al. (2013) señalan entre estas actividades llevar el mensaje partidista puerta por puerta y contribuir al sostenimiento de la organización.

Esto permite entender que la militancia no constituía únicamente una cifra de afiliación, sino una red de personas capaz de mantener presencia territorial, transmitir mensajes y desarrollar actividades necesarias para la continuidad de la organización.

La incorporación de nuevos militantes dependía, además, de relaciones personales que permitían ampliar estas redes y fortalecer la presencia de los partidos en distintos espacios sociales. En el estudio de Muñoz-Armenta et al. (2013) sobre partidos emergentes mexicanos, el 47 % de las personas afiliadas llegó mediante amistades, mientras que otros contactos se produjeron en el trabajo o en los hogares.

Aunque este dato corresponde exclusivamente a los casos estudiados y no permite generalizar sus resultados a toda la militancia mexicana, sí muestra la importancia que pueden tener las relaciones sociales en la construcción de organizaciones partidistas y en la incorporación de nuevos integrantes a sus estructuras.

 

ciudadania digital

 

Katz y Mair (1995) explicaron una transformación relevante de los partidos modernos al señalar que las dirigencias y los profesionales de la política pueden adquirir una mayor autonomía frente a las bases. En este contexto, los autores utilizaron la metáfora de los cheerleaders para describir a miembros cuyo papel puede concentrarse más en respaldar que en intervenir en las decisiones.

La comparación no significa que toda militancia sea pasiva ni que las bases carezcan necesariamente de capacidad de intervención. Sí permite, en cambio, distinguir entre la pertenencia formal a una organización y la posibilidad efectiva de influir en sus decisiones y en la definición de sus acciones.

En México también existen estudios que muestran tensiones entre el trabajo militante y la capacidad de decisión dentro de las organizaciones partidistas. Díaz Sandoval y Espejel Espinoza (2018) documentaron, mediante testimonios, diversas actividades de base en Morena, entre ellas repartir materiales, acudir a las calles y tocar puertas, mientras que el mismo estudio recoge inconformidades relacionadas con determinadas decisiones internas.

Si bien sus resultados corresponden al caso y al periodo analizados, permiten observar una paradoja relevante: una persona puede desarrollar tareas políticas importantes para una organización y, al mismo tiempo, tener una participación limitada en determinadas decisiones que afectan su funcionamiento.

 

Activar personas no siempre significa organizarlas

La digitalización añadió nuevas formas de activar personas y de establecer vínculos entre las organizaciones políticas y quienes participan en ellas. Piñeiro-Rodríguez, Rosenblatt y Vommaro (2025) estudiaron el caso del PRO en Argentina y encontraron que las tecnologías podían facilitar la activación de grandes cantidades de voluntarios sin integrarlos necesariamente en estructuras colectivas permanentes.

El caso argentino no debe trasladarse automáticamente al contexto mexicano debido a las diferencias entre ambos sistemas políticos y partidistas. Sin embargo, resulta pertinente para mostrar una diferencia fundamental entre movilización y organización: la capacidad de activar a un número considerable de personas no garantiza, por sí misma, la construcción de estructuras colectivas permanentes.

Esta diferencia puede comprenderse a partir de tres acciones relacionadas, pero distintas:

  • Comunicar implica hacer circular información y transmitir un mensaje.
  • Movilizar supone conseguir que una persona realice una acción concreta.
  • Organizar implica construir relaciones, responsabilidades y estructuras capaces de mantenerse en el tiempo.

En consecuencia, un partido puede desarrollar una intensa actividad comunicativa y movilizar a miles de personas sin que ello signifique necesariamente que esté fortaleciendo su organización permanente. La cantidad de acciones realizadas o de personas movilizadas no constituye, por sí misma, una medida suficiente de la capacidad organizativa.

 

Las redes sociales como escaparate de la actividad política

La política digital también modificó la manera en que los partidos y sus candidatos pueden demostrar públicamente que están trabajando.
Heras Gómez y Díaz Jiménez (2017) analizaron las redes sociales de candidatos a diputados locales del PRI, PAN y PRD durante las elecciones de 2015 en el Estado de México y encontraron que estas plataformas funcionaban, en buena medida, como una agenda o diario de actividades.

Recorridos, eventos y encuentros podían convertirse así en contenido político y ampliar la visibilidad de las actividades realizadas, haciendo posible que una acción desarrollada en un territorio específico alcanzara públicos mucho más amplios mediante su difusión digital.

El mismo estudio establece un límite importante para comprender el papel de estas herramientas: las redes sociales no sustituyeron el trabajo territorial, sino que funcionaron como un complemento.

Esta precisión permite evitar una falsa oposición entre calle y tecnología. Las herramientas digitales pueden ampliar el alcance de una actividad presencial, facilitar la coordinación y mantener el contacto con simpatizantes.

El problema aparece cuando la visibilidad comienza a convertirse en el principal indicador de fortaleza organizativa y, en consecuencia, la actividad que puede mostrarse adquiere mayor importancia que aquellas tareas cuyos resultados son menos inmediatos o menos visibles públicamente.

 

La “militancia de aparador”

A partir de esta discusión, se propone la expresión “militancia de aparador” para describir una práctica en la que demostrar públicamente pertenencia, respaldo y actividad adquiere un peso excesivo frente a otras tareas necesarias para la construcción organizativa.
Formar cuadros, incorporar ciudadanos, identificar demandas y desarrollar liderazgos locales son procesos cuyos resultados no siempre pueden representarse en una fotografía o una publicación digital.

Por ello, la cuestión no consiste en dejar de publicar actividades, sino en preguntarse qué organización queda después de publicarlas y si aquello que se muestra públicamente corresponde con capacidades políticas que efectivamente se están construyendo y consolidando.

La diferencia puede observarse al comparar una actividad que termina en una fotografía con otra que genera algún tipo de continuidad organizativa. Una reunión puede producir una imagen y, al mismo tiempo, servir para formar un equipo, establecer responsabilidades o dar seguimiento a una demanda.

En este segundo caso existe un resultado organizativo que permanece más allá de la actividad y que puede generar nuevas acciones. La fotografía cumple entonces una función de comunicación de aquello que ocurrió, pero no constituye por sí misma el resultado político de la actividad: su valor depende también de los vínculos, responsabilidades o capacidades que hayan podido construirse.

 

El territorio todavía importa

El territorio tampoco ha perdido su importancia como espacio de organización política. McDonnell y Stanford (2024), al estudiar partidos en zonas remotas de Australia, encontraron funciones relevantes en las estructuras locales, entre ellas transmitir información de las comunidades, aportar candidaturas y sostener tareas electorales.

El contexto australiano es diferente al mexicano y, por ello, no permite establecer equivalencias directas entre ambos casos. Sin embargo, el estudio ayuda a recordar que una estructura territorial puede acumular relaciones, conocimiento y capacidades que no se generan automáticamente mediante una interacción digital, particularmente cuando existe una presencia sostenida y una relación continua con las comunidades.

En consecuencia, el reto no consiste en regresar a una forma idealizada de militancia del pasado ni en rechazar las redes sociales como herramientas de comunicación y participación política.

 

militancia
Fuente: elaboración propia con base en Muñoz-Armenta et al. (2013), Katz y Mair (1995), Heras Gómez y Díaz Jiménez (2017), Piñeiro-Rodríguez et al. (2025) y McDonnell y Stanford (2024). La “militancia de aparador” es una categoría interpretativa propuesta en este artículo.

 

Como muestra la Figura 1, la cuestión consiste en utilizar la tecnología para fortalecer vínculos, formación y coordinación, de manera que una comunidad digital pueda convertirse en organización cuando genera deliberación, responsabilidades y acciones sostenidas.
El problema no está, por tanto, en la pantalla ni en la visibilidad de las actividades, sino en confundir la señal visible de actividad con el resultado organizativo que debería sostenerla.

 

Comunicar, movilizar y organizar

La transformación de la militancia partidista no puede explicarse como una simple sustitución de la calle por las redes sociales. Los estudios revisados muestran un proceso más complejo en el que los partidos han modificado sus formas de comunicación y organización, mientras las tecnologías permiten nuevas modalidades de activación y participación.

Al mismo tiempo, las estructuras territoriales conservan funciones relacionadas con el conocimiento local, la coordinación y el vínculo comunitario, como se observa en estudios desarrollados en contextos distintos que, por ello, deben interpretarse con cautela.

La “militancia de aparador” constituye, en este artículo, una categoría interpretativa para discutir un riesgo dentro de esa transformación. No pretende describir a todos los partidos ni constituir una variable empírica validada por las fuentes citadas.

Su utilidad consiste en formular una pregunta acerca de las prioridades que pueden establecer las organizaciones partidistas en el entorno digital: ¿las organizaciones están premiando más la demostración visible de actividad que la construcción de capacidades políticas duraderas?

Responder esta pregunta requiere observar qué sucede después de cada evento, publicación o movilización y determinar si estas acciones generan vínculos, responsabilidades, capacidades y estructuras que puedan mantenerse en el tiempo.

Los partidos seguirán necesitando comunicar y movilizar, particularmente en un entorno en el que la comunicación digital constituye una parte importante de la actividad política. Sin embargo, si aspiran a mantener vínculos estables con la sociedad, también necesitan organizar.

La tecnología puede contribuir a esta tarea cuando permite conectar personas, formar cuadros, procesar demandas y generar comunidades capaces de actuar de manera sostenida. La fotografía no es el problema, pues puede ser una herramienta legítima para comunicar el trabajo político; el problema comienza cuando ya no existe detrás de ella una organización que fotografiar.

 

 

Referencias

Cordourier Real, C. R., y Mosiño Jasso, A. (2025). Falta de confianza en los partidos políticos en México: un análisis de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica, 2020. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 70(253), 23–52. https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2025.253.83086
Díaz Sandoval, M., y Espejel Espinoza, A. (2018). Militancia partidaria y toma de decisiones en el Movimiento Regeneración Nacional. Revista Mexicana de Estudios Electorales, 2(20), 159–193. https://doi.org/10.54505/rmee.v2i20.264

Espejel-Espinoza, A., y Díaz-Sandoval, M. (2020). Informalidad partidaria y mediaciones entre dirigentes y militantes en México: los casos del PAN, el PRI, el PRD y MORENA. Ánfora, 27(49), 173–196. https://doi.org/10.30854/anf.v27.n49.2020.744

Heras Gómez, L., y Díaz Jiménez, O. F. (2017). Las redes sociales en las campañas de los candidatos a diputados locales del PRI, el PAN y el PRD en las elecciones de 2015 en el Estado de México. Apuntes Electorales, 16(57), 71–108.

Katz, R. S., y Mair, P. (1995). Changing models of party organization and party democracy: The emergence of the cartel party. Party Politics, 1(1), 5–28. https://doi.org/10.1177/1354068895001001001

McDonnell, D., y Stanford, B. (2024). The party on remote ground: Disengaging and disappearing? Parliamentary Affairs, 77(1), 46–61. https://doi.org/10.1093/pa/gsac026

Muñoz-Armenta, A., Heras-Gómez, L., y Pulido-Gómez, A. (2013). Una aproximación a la militancia partidista en México: el caso de los partidos emergentes. Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, 20(63), 177–205.

Piñeiro-Rodríguez, R., Rosenblatt, F., y Vommaro, G. (2025). Activating without transforming: The use of technology to engage activists in political campaigns. Latin American Politics and Society, 67(3), 69–84. https://doi.org/10.1017/lap.2025.6