¿Cómo se volvió tan fuerte la extrema derecha en Europa? Este análisis parte del libro La extrema derecha en Europa, de Anna López, y clave para trazar un mapa inquietante.
Por Anna López.
La extrema derecha no solo busca el poder: busca transformar la mentalidad colectiva.
Radiografía de un fenómeno en ascenso
El tablero político europeo se ha tornado, en los últimos años, en un escenario de creciente complejidad, donde las coordenadas tradicionales se difuminan y nuevas fuerzas emergen con una potencia inusitada. En este contexto, la extrema derecha en Europa ha dejado de ser una anomalía marginal para consolidarse como un actor central, capaz de condicionar agendas, ganar elecciones y, en algunos casos, incluso formar parte de gobiernos.
El libro La extrema derecha en Europa se propone desentrañar las claves de este fenómeno, sus raíces, sus mutaciones y los profundos desafíos que plantea a las democracias. Para una comprensión más profunda, se analizan aquí las ideas centrales de la obra y los retos que nos esperan, desde la perspectiva de sus autores.
Desentrañando la anatomía de una fuerza mutante
El análisis de la extrema derecha en Europa contemporánea va más allá de la mera descripción de los síntomas para adentrarse en su anatomía. No se trata de un bloque monolítico, sino de un ecosistema diverso, aunque interconectado, de partidos, movimientos y redes ideológicas. Una de las ideas centrales que atraviesa el libro es la necesidad de entender la extrema derecha no solo como una fuerza política, sino como un proyecto cultural y social que busca redefinir los parámetros de la convivencia.
Se ha asistido a una sofisticación de su discurso, que ha sabido abandonar, en gran medida, los ropajes explícitamente fascistas o neonazis para adoptar un lenguaje más “democrático” y adaptado a los códigos de la sociedad de la información. Esto no significa que sus ideas hayan cambiado sustancialmente, sino que han aprendido a empaquetarlas de una manera más atractiva para amplios sectores de la población. La islamofobia, la xenofobia, el nacionalismo excluyente y el tradicionalismo conservador siguen siendo sus pilares, pero ahora se presentan bajo la etiqueta de “defensa de la identidad”, “seguridad nacional” o “libertad de expresión frente a la corrección política”.
Otro aspecto fundamental es su capacidad de hibridación. La extrema derecha actual no se limita a repetir mantras del pasado. Ha sabido capitalizar el descontento social generado por la globalización, las crisis económicas y la percepción de un “establishment” sordo a las demandas ciudadanas. Han sabido pescar en el río revuelto del hartazgo, ofreciendo soluciones simples a problemas complejos y apelando a emociones primarias como el miedo y la indignación. La migración, por ejemplo, ha sido instrumentalizada no solo como un problema de seguridad o económico, sino como una amenaza existencial a la “civilización occidental”.
Finalmente, el estudio subraya la importancia de la transversalidad. La extrema derecha en Europa ya no es un fenómeno confinado a los márgenes sociales. Ha permeado en sectores de la clase trabajadora, en las clases medias preocupadas por su estatus, en jóvenes desorientados y, preocupantemente, en parte del electorado femenino. Esta transversalidad es uno de los mayores desafíos, ya que obliga a repensar las estrategias tradicionales de contención y a construir alianzas mucho más amplias y diversas.
La desinformación como arma y la resistencia en la calle
La sofisticación del discurso y la transversalidad de la extrema derecha en Europa se complementan con un uso estratégico de las redes sociales y los medios digitales como un arma de doble filo. Por un lado, les permite difundir sus mensajes sin el filtro de los medios tradicionales, construyendo burbujas de información donde sus narrativas se refuerzan constantemente. Por otro lado, utilizan la desinformación y las fake news no solo para atacar a sus oponentes, sino para erosionar la confianza en las instituciones, en la ciencia, en el periodismo y, en última instancia, en la propia democracia.
La capacidad de generar bulos virales, de manipular imágenes y vídeos, de orquestar campañas de acoso en línea contra periodistas, activistas o políticos, es una parte integral de su estrategia. El objetivo no es solo convencer, sino polarizar y sembrar el caos. Alimentan la desconfianza generalizada, el relativismo y la idea de que “todo es lo mismo”, allanando el camino para sus soluciones autoritarias. Y lo hacen con una pátina de “libertad de expresión” que esconde una clara intención de silenciar voces disidentes y normalizar discursos de odio.
Sin embargo, la resistencia a la extrema derecha no solo se libra en las urnas o en los debates mediáticos. Se libra también en la calle, en los movimientos sociales, en las iniciativas ciudadanas que plantan cara al odio y defienden los derechos humanos. Piénsese en las manifestaciones masivas contra el racismo, contra la violencia machista, en defensa del medio ambiente. Son espacios donde se construye contrapoder, donde se visibiliza la diversidad y donde se rompen los relatos simplistas y excluyentes de la extrema derecha.
El desafío, entonces, es doble: por un lado, desmantelar las redes de desinformación y fortalecer la alfabetización mediática de la ciudadanía. Por otro, apoyar y articular los movimientos de resistencia social, construir redes de solidaridad y demostrar que la alternativa al odio es la cooperación y la defensa de los valores democráticos. La calle, la movilización, sigue siendo un espacio vital para recordar que la sociedad civil tiene la capacidad de reaccionar.
El espejo de la historia y los futuros posibles
El estudio de la extrema derecha en Europa, con su rigor, invita a trazar puentes con el pasado y reflexionar sobre los futuros posibles, y los peligros inminentes. La historia no se repite exactamente, pero rima. Las crisis económicas y sociales, la percepción de pérdida de control, la búsqueda de chivos expiatorios, la nostalgia de un pasado idealizado… todo ello resuena con momentos oscuros de la historia europea.
Sin embargo, la extrema derecha de hoy ha aprendido de los errores y aciertos de sus predecesores. Ya no buscan necesariamente un golpe de estado o una dictadura militar explícita, al menos no de forma inmediata. Su estrategia es más insidiosa: la erosión gradual de las instituciones democráticas desde dentro, el control de los medios de comunicación, la reescritura de la historia, la normalización de la discriminación y la restricción de las libertades individuales bajo el pretexto de la seguridad o la tradición. Lo que algunos llaman la “democracia iliberal” o la “deriva autoritaria”.
El principal desafío es entender que la amenaza no es solo electoral. Es una amenaza existencial para el modelo de sociedad construido sobre los pilares de la democracia, los derechos humanos y la igualdad. No se puede caer en la autocomplacencia de pensar que una victoria electoral es suficiente para contenerlos. Su proyecto es de largo aliento, cultural y social, y busca transformar la mentalidad colectiva.
Esto lleva a la urgencia de fortalecer los anticuerpos democráticos. Ello implica una defensa robusta de la educación pública, el fomento del pensamiento crítico, la inversión en medios de comunicación independientes y de calidad, y la promoción de una cultura de debate cívico. Es decir, no solo hay que “derrotarlos”, sino que hay que “desactivar” las condiciones que permiten su crecimiento.
El reto más importante reside en cómo construir una narrativa alternativa. La extrema derecha ofrece relatos potentes, aunque falsos, de orden, seguridad y pertenencia. La sociedad abierta, compleja, diversa, donde la libertad y la igualdad se construyen día a día, es un relato más difícil de vender en un mundo de titulares y tuits, pero es el único que garantiza un futuro de convivencia y prosperidad.
Conclusiones y caminos a seguir
El libro La extrema derecha en Europa es un llamado de atención que obliga a mirar de frente una realidad incómoda. Sus ideas centrales –la sofisticación discursiva, la hibridación, la transversalidad de la extrema derecha–, unidas a los desafíos abordados –la desinformación, la necesidad de una resistencia social activa, la fragilidad institucional y la urgencia de una narrativa democrática potente–, configuran un panorama complejo.
No hay soluciones mágicas, ni atajos. La lucha contra la extrema derecha en Europa requiere un compromiso constante y multifacético: desde la investigación académica que desvela sus entrañas, pasando por el periodismo riguroso que denuncia sus mentiras, hasta la movilización social que defiende los valores democráticos en la calle. Requiere, además, un ejercicio de autocrítica por parte de las fuerzas democráticas: ¿qué se ha hecho mal para que estos discursos calen? ¿Cómo se han desatendido las preocupaciones de amplios sectores de la población?
La extrema derecha en Europa no es una moda pasajera. Es un síntoma de profundas transformaciones sociales, económicas y culturales. El libro proporciona las herramientas intelectuales para entenderlo. Ahora, la tarea, como politólogos y como ciudadanos, es utilizar ese conocimiento para construir las estrategias y las alianzas necesarias para defender nuestras democracias. La batalla no está perdida, pero el momento exige vigilancia, valentía y una acción concertada. La Europa del futuro, la Europa de la libertad y la igualdad, depende de ello.